Mudanza
Parto de esta casa
que abrazó mis días fríos y tristes.
Fue refugio cuando padecí,
un té calentito durante la gripa,
un abrazo cálido,
unas manos sosteniéndome.
Pero es preciso abandonarla.
De a poco se ha ido agrietando.
Ya no calma la sed.
Luces a medias,
espejos gastados,
goteras al borde del derrumbe.
Hago mis maletas.
Solo caben los recuerdos,
los sueños de lo que alguna vez creí que hubo
y de aquello que no volverá a ser.
Estancia prolongada.
Contrato vencido.
Intereses sobre intereses.
Aquí ya no hay seguridad.
Solo queda una pequeña, suave y tierna estancia.
Tan pequeña y tan inmensa.
Tan frágil que puede quebrarse con un soplo,
pero también fresca,
llena de sonrisas
y de un corazón que aún palpita.
Es tiempo de la mudanza.


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